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En realidad, el uso del oro como remedio es una práctica que se remonta a culturas mucho más antiguas. En la antigua Roma, Plinio el Viejo promovió el uso del oro como un ungüento para remover verrugas y úlceras. Wei Boyang, un alquimista chino de los siglos II y III, creía que el oro era inmortal y que aquellos que lo bebían disfrutaban de largos años de vida. Los antiguos egipcios creían que el "agua de oro" era un remedio contra el envejecimiento. Probablemente todas estas ideas estaban basadas en el hecho de que el oro no se corroe, por lo tanto, debe de funcionar para la longevidad.


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